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Por: Nueva Rioja Digital | 21/03/09

Investigación con células madre: cuándo empieza una vida humana


Según especialistas de varias áreas, no hay un límite claro y existen diferentes posturas

 El impresionante dominio tecnológico acumulado por la humanidad no nos ofrecerá vivir 200 años, pero cuando menos parece confundir los límites precisos que señalan el comienzo y el final de nuestra existencia. ¿Hay vida humana en el cuerpo de una persona con muerte cerebral, pero cuyo corazón sigue latiendo? ¿La hay en ese grupo de células en rápida multiplicación que conforma un embrión generado en el laboratorio?
Las respuestas a estas preguntas pueden legitimar -o no- procedimientos como los trasplantes, en el primer caso, o, en el segundo, la investigación en células embrionarias, un área que en los últimos diez años atrajo el interés de los científicos porque, dada la cualidad de
estas entidades de convertirse en cualquier tejido del organismo, permitirían desarrollar tratamientos para penosas enfermedades.
La reciente decisión del presidente Barack Obama de levantar el veto impuesto en los Estados Unidos a estos estudios volvió a poner sobre el tapete la discusión sobre desde qué momento en la evolución embrionaria se puede hablar de un individuo, un sujeto de derecho.
«En el mundo científico hay por lo menos cuatro teorías serias sobre el inicio de la vida -explica el padre Alberto Bochatey, director del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina-. La primera dice que comienza en el preciso instante en que se unen un óvulo y un espermatozoide; la segunda, adoptada por la Organización Mundial de la Salud, afirma que comienza cuando el embrión se implanta en el útero materno (aproximadamente al quinto día de la concepción); el informe Warnock [surgido de la comisión que estudió el caso después del nacimiento de Louise Brown, la primera beba «de probeta»] considera que sólo después del día 14 ese tejido que llama «preembrión» puede considerarse un individuo, y Alonso Bedate sostenía que esto ocurre después de la octava semana de embarazo, porque desde ese momento ya no hay formación de nuevas estructuras, sino sólo desarrollo, entonces ahí sí se puede hablar de persona. Yo, como bioeticista, estudio las cuatro teorías, pero como católico adhiero a la que afirma que comienza a ser en el momento en que el espermatozoide penetra en el óvulo y se gesta una vida humana en estado primigenio.»
La Constitución (en virtud del Pacto de San José de Costa Rica) establece el derecho a la vida «a partir del momento de la concepción». Sin embargo, si aún hay espacio para la discusión es porque, según afirman los legistas, ningún derecho es absoluto.
«Cuando uno habla del estatus del embrión, no se refiere a un evento cromosómico o genético, sino a uno en el que confluyen desde la dimensión biológica hasta la filosófica, la ética y la legal -explica el doctor Mario Sebastiani, miembro del Comité de Bioética del Hospital Italiano-. Y si bien existe vida una vez que el huevo está fertilizado, eso no quita que podamos intervenir, porque ese grupo de células no es una persona, del mismo modo en que no lo es un individuo que tiene muerte cerebral.»
Para el doctor José Alberto Mainetti, filósofo, médico y director del Instituto de Bioética y Humanidades Médicas de la Fundación Mainetti, hay dos concepciones contrapuestas: la genética, que es la que sostiene que la vida existe desde la concepción, y la epigenética, que afirma que el proceso embrionario va adquiriendo estatus humano y moral en forma gradual.
«En 1978 [con el nacimiento de Louise Brown], el ser humano alcanzó un poder prometeico -dice-: sacó el huevo del nido, lo puso en la cápsula de Petri y lo manipuló. Eso abrió posibilidades insospechadas para la ciencia. Porque si bien ese grupo de células tiene la potencialidad de convertirse en un ser humano, sólo lo hará en condiciones adecuadas.» potencialidad de convertirse en un ser humano, sólo lo hará en condiciones adecuadas.» Y enseguida agrega: «Hoy, el comienzo de la vida es tan incierto como el final. Si tenemos en cuenta que el 70% de las personas fallecen en el hospital, la muerte ya no es natural, está intervenida por la medicina. Es una convención social.»
La tarea del doctor Sergio Pasqualini, especialista en fecundación asistida y director médico de Halitus, es precisamente generar embriones para parejas que no logran un embarazo. Diariamente ve en su microscopio cómo evoluciona esa diminuta esfera de células en multiplicación exponencial. Opina que no tiene sentido hablar de un comienzo de la vida, «porque se sabe que de cada 1000 embriones que se generan, nacen 44 bebes; es decir que 956 quedan en el camino». «Inexorablemente, en un tratamiento de fertilidad se congelan embriones que no se usan -explica-. Y pueden pasar distintas cosas: que la pareja se separe, que la mujer se muera, que no los quieran o no los puedan usar. Entonces hay tres opciones: dejarlos congelados para siempre, donarlos o descartarlos. Si no van a servir para originar un bebe, tal vez tenga sentido donarlos para que den una línea de células madre. Esta es la realidad.»
«¿El embrión es un agente moral al que le conferimos derechos y deberes? -se pregunta Florencia Luna, directora del área de Bioética de Flacso-.