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Por: Clarín | 08/06/21

Contámelo otra vez Juan Pablo, el nene con dos papás que puede hacer historia


Fue el primer caso de subrogación de una pareja gay en el país. Ayer cumplió seis años, y la Corte Suprema tiene que resolver su trámite de filiación en un fallo que sentará precedente para otras familias.

Fue el primer caso de subrogación de una pareja gay en el país. Ayer cumplió seis años, y la Corte Suprema tiene que resolver su trámite de filiación en un fallo que sentará precedente para otras familias.

Si Juan Pablo naciera hoy, su partida de nacimiento no estaría envuelta en un derrotero judicial. Pero no. El 4 de junio de 2015, un día después del primer Ni Una Menos, no había casi antecedentes de gestación subrogada y sus papás se convertían en la primera pareja gay en tener un hijo de esa manera en la Argentina. Todo cambió años después para las parejas que siguieron, pero para ellos el proceso no termina y ahora dependen de la Corte Suprema para resolver el trámite de filiación.

“Tenemos mucha esperanza en la Corte”, asegura a Clarín Leonardo Polti. «Ahora que Juampi cumplió los seis años, con Ignacio (Santalla), queremos que la Justicia diga que los dos somos sus papás. Ya sabe leer y se acerca el momento de renovar el DNI. Si hoy agarrara su documento, pasaría un momento horrible. No queremos eso. Hay más de 300 familias que tienen inscripto a su hijo a nombre de ambos. ¿Entonces cuánto tiempo más va a estar excluido Juampi por haber sido el primero?”.

Este viernes, la familia festejó en Salta el cumple de Juampi. Allí se fueron a pasar unas semanas para escapar de la rutina y para visitar el santuario de la Virgen del Cerro, en las afueras de la ciudad capital. Ya es la segunda vez que van a mostrar su gratitud y retomar el ruego por un resultado positivo en la Justicia.

Fanático de los caballos y los dinosaurios, Juan Pablo sueña con que se termine la pandemia para poder festejar un cumpleaños en Temaikén. Le gusta jugar al fútbol y a los videojuegos, en especial al Minecraft. Conoce cómo nació hace más de un año, cuando preguntó por primera vez. Siempre pide milanesas con fritas y que le pongan Bon Jovi, un gusto que, en casa de música pop, nadie entiende cómo adquirió.
Érase una vez, no hace mucho tiempo…

Leonardo e Ignacio comenzaron a soñarlo tras la aprobación en 2010 de la Ley de Matrimonio Igualitario. Habían pensado adoptar, pero desistieron por los tiempos que suele demorar el proceso. Luego, consideraron una subrogación en Estados Unidos, pero les era imposible económicamente.

“Lo que no está prohibido está permitido”, le dijo un día Leonardo a su esposo y fue un click:

  • Investigaron por Internet y lo hablaron con los amigos y familia.
  • Cintia, una amiga de Mendoza, se ofreció a ser la gestante.
  • Hicieron terapia por un año y medio para cerciorarse de que todos entendían la decisión.
  • Por la vía legal, comenzaron a armar un legajo con un seguro de vida y un consentimiento firmado por escribano.

En paralelo, iba el proceso médico: una donación de óvulos anónima, esperma de ambos para que se armaran los embriones y tres transferencias hasta que quedaron “embarazados”.

Ahí se complicó. El siguiente punto de la enumeración era: impugnar el acta donde figuraba que Cintia era madre e Ignacio el padre. Pero aunque el juzgado 81 de Familia autorizó una nueva acta donde Juan Pablo figurara como hijo de dos padres, una fiscal apeló y la Sala E de la Cámara de Apelaciones avaló esa línea.

“Fue un fallo super homofóbico en el que dijeron que dos madres pueden ser inscriptas, pero no dos padres. Y nos daban la opción de que uno fuera el papá y el otro fuera una adopción integrativa”, cuenta Polti.

La familia presentó un «recurso de queja» y la Corte Suprema tomó el caso. Es la última chance de que ambos sean inscriptos como padres procreacionales y de que la gestante pueda también cortar el vínculo legal con el chico.

A mitad del camino, viviendo en una plegaria

La ciudad de Buenos Aires es el único distrito del país que ampara a los padres que utilizan la subrogación. Existe una disposición de 2017 que define que en casos acreditados de subrogación solidaria el Registro Civil porteño debe inscribir a ambos padres y excluir a la gestante de la filiación. Responde a una orden judicial, emitida tras un recurso de amparo presentado por la Defensoría del Pueblo de la Ciudad y la Federación LGBT (FALGBT).

Cuando un bebé nace hoy en Ciudad a través de esta modalidad, ya hay un consentimiento firmado por un médico, pareja y gestante en el que se asienta que los que tienen voluntad procreacional son los padres. Lo protocoliza un escribano, como en todas las técnicas de reproducción humana asistida. Y con eso, en el Registro civil, se hace la partida.

En tanto, en el Congreso, conviven varios proyectos de ley que buscan regular la gestación solidaria en la Argentina para garantizar que no haya barreras judiciales y que las prepagas y obras sociales cubran la práctica, que no reviste mayores diferencias con una fertilización asistida.

Muchos casos judicializados ya se resolvieron a favor de las familias, tanto en provincias como en la Ciudad, pero hay tres que llegaron a la Corte Suprema, que hasta ahora nunca dirimió un proceso judicial sobre gestación subrogada.

“Una sentencia favorable de la Corte sería un avance importante porque podría sentar un precedente positivo para todas las familias, ya que mientras en la Ciudad está el tema muy avanzado, en las provincias las clínicas están pidiendo judicializar los casos por una cuestión de jurídica”, explicó a Clarín María Rachid, integrante de la comisión directiva de la FALGBT.

La también titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad señaló que es necesario que el Congreso regule la práctica como “apoyo para no judicializar” y para que no tenga “un costo tan elevado para las familias”. En muchos casos, las prepagas no reconocen la subrogación y se cobra diez veces más el tratamiento que para otras situaciones. “A eso, se le agrega un abogado, un escribano y los gastos del embarazo de la gestante, entre otros”, apuntó.

«Por amor», lo intentaremos

A lado de la computadora, en el escritorio de Leonardo, hay una piedra chiquita. Dice que se la llevó la tía de una amiga hace años, cuando pidió bendiciones para que ambos, recién casados, pudieran cumplir el sueño de ser padres. Por eso, se fueron a Salta nuevamente.

“Todo lo que me venga a futuro, para mí, es agradecimiento. Si soy pobre o rico, no me importa. Yo tengo 48 años e Ignacio tiene 40. Lo soñamos toda la vida. Y Juampi nos cambió el alma a nosotros y a nuestro entorno. Porque en esto, participaron por amor tanto médicos como familia y amigos. Lo que logramos y que sé que lograron un montón de familias LGTB y hétero que no podían concebir es hermoso”, se emociona por teléfono.

uan Pablo tiene unos cinco Zoom por día de clases de la escuela y contó en cada uno que iba a viajar. Su papá, que se mueve por el país constantemente por su trabajo, sufre un poco antes de los vuelos. El año pasado lo llevó a Neuquén ida y vuelta en avión, y tuvo que mostrar un papel firmado por escribano de que Ignacio, quien puso el apellido para el documento de Juan Pablo hasta que se resuelva la inscripción correctamente, y Cintia, la gestante, lo autorizaban.

“Yo soy el papá de Juampi y no voy a mentir nunca ante alguien que me pregunte. Mucho menos delante suyo”, asegura. En 2019, fueron los tres a Disney. “En Migraciones de Estados Unidos me preguntan que quién era yo. Y les dije ‘El papá’, aunque los documentos no dijeran eso. Él estaba ahí conmigo al lado sin entender. Fue horrible”, recuerda.

No quiere que pase nunca más: “Juampi está creciendo, venimos esperando seis años y confiamos en que la Justicia va a fallar a nuestro favor. Porque todo fue por amor y porque no hay nada que discutir. Para la ley no hicimos nada ilegal y yo soy el papá de Juan Pablo. Me tienen que aceptar como tal”.

AS


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