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Por: Sentir y Pensar | 10/04/14

Pubertad: La consulta ginecológica en las niñas


La pubertad es la etapa o proceso de crecimiento y desarrollo que lleva a la maduración sexual. Es un momento en el cual se producen importantes cambios físicos y emocionales que coinciden con el proceso de maduración sexual y que requiere la atención y contención de los padres. Cómo informarse para estar preparados y acompañar a los chicos en su proceso de desarrollo.

La pubertad, una etapa que lleva unos 4 años de desarrollo, se caracteriza por un periodo de cambios físicos y emocionales que generan grandes expectativas en los padres y en los chicos. La Dra. María Elisa Moltoni, ginecóloga infantojuvenil de Halitus Instituto Médico explica que: “Es un período en el que existen cambios en relación con las gónadas y caracteres sexuales secundarios, lo que junto a los cambios hormonales darán los cambios físicos: aumento de estatura, aparición de vello, en las niñas desarrollo mamario, cambios en la disposición de la grasa, maduración de los órganos sexuales internos y externos, comienzo de los períodos menstruales. El primer signo clínico en la niña es el crecimiento mamario, que suele ser en promedio a los 10,8 años. Otro evento importante es la aparición de la menarca o primera menstruación. En los varones crecimiento de genitales, aumento de vello, cambios en la laringe, por lo tanto en la voz. Todo esto se acompaña de maduración psíquica”.

La primera consulta ginecológica en la pubertad

Si bien es usual que las mamás acerquen a sus hijas para un control, para ver que el desarrollo esté ocurriendo normalmente, existen algunas consultas más frecuentes que tienen que ver con aparición de flujo y vulvitis y, luego de que comienzan los períodos por irregularidades menstruales, dado que en las primeras etapas es normal que las menstruaciones sean muy irregulares. Otros motivos de consulta pueden ser el dolor menstrual, el exceso de sangrado, dolores en las mamas, aparición muy temprana o muy tardía de las características puberales. “En realidad mucho de los aspectos del desarrollo puberal son controlados en la consulta pediátrica, mediante el peso, la talla y la revisación de los caracteres sexuales y, como se trata de un evento progresivo tiene mucha importancia el tiempo y secuencia en la que se van produciendo los cambios, de ahí la importancia de conocer y seguir al paciente. No hay una edad exclusiva para consultar por primera vez al ginecólogo, tiene que ver con la preferencia de la madre. Muchas veces es interesante aprovechar esta etapa para conocer al ginecólogo, esto ayuda a que la adolescente tome confianza con el profesional, abra una etapa de mayor autonomía, consulte dudas y miedos, sobre todo a veces el pediatra es varón y las niñas tiene pudor. Es una consulta que tiene también una función de educación para la salud y prevención. Actualmente, tenemos disponible una vacuna contra el virus que causa cáncer de cuello, se está dando por calendario nacional en niñas de 11 años, con lo cual ese es un buen momento para venir al ginecólogo e informarse”, refiere la especialista.

¿A qué prestarle atención durante le pubertad?

  • Ritmo de crecimiento. Así como la pubertad es una serie de eventos del desarrollo secuenciales, que ocurren en tiempos variables en cada individuo, cuando se adelanta mucho más de lo normal se llama precoz. ¿Qué significa? Una niña que comienza su pubertad antes de los 8 años, y además de los cambios físicos se acompaña de un crecimiento acelerado requiere atención. La ginecóloga aclara: “En muchos casos no hay una causa visible -lo que se llama pubertad precoz idiopática-, pero puede haberla. El tratamiento lo hace un especialista y puede requerir medicación para frenar el desarrollo hasta la edad correspondiente, o tratar alguna otra causa si la hubiere”.
  • Es necesario estar atentos a como comen, duermen, con quien se relacionan, el tema tan en boga de las redes sociales. “En cuanto al crecimiento entonces si nos parece que nuestra hija va muy adelantada en el crecimiento, si tiene por ejemplo sangrado vaginal sin haber tenido desarrollo mamario o del vello, o lo mismo si vemos que no tiene su menarca a pesar de que han pasado un año y medio o dos desde el inicio del desarrollo de las mamas, o si nos parece que los cambios puberales están atrasados. Es decir, hay muchas variaciones dentro de lo normal, tiene que ver a veces con las edades de estos eventos en la familia, alimentación, estrés, pero también existen patologías dentro del desarrollo puberal, con lo cual ante la duda, siempre es mejor consultar”, dice la Dra. Moltoni.
  • La autoexploración es algo totalmente normal, incluso en bebés. Se intensifica un poco en general cuando dejan el pañal, ya que los genitales están más accesibles y visibles. El niño explora todo su cuerpo, los genitales también, y descubre que esto les genera una sensación agradable. En general más adelante en la infancia esto se aplaca un poco y vuelve a verse con mayor frecuencia en la adolescencia, ya asociado a otra etapa del desarrollo sexual. “En realidad, es normal que a los padres les choque mucho ver a sus niños tocándose, y es común que se reaccione con alguna reprimenda o si no hay un reto haya alguna cara de “eso no está bien”, pero deberíamos dejar de lado nuestros propios prejuicios y bagaje, ya que somos nosotros los que desde una mirada adulta le damos una connotación negativa o “pecaminosa”. La idea es dejar de lado prejuicios, hablar y orientar más hacia el lado del cuándo hacerlo. Por ejemplo, orientarlos a que no está bien que se toquen en público, evitar el “no te toques, está mal” sino “eso es algo privado, no conviene que te vea la gente”, refiere la especialista.
  • Aparición de flujo vaginal. El flujo vaginal es la secreción que sale de la vagina, pudiendo ser normal o anormal. Se constituye de productos de la descamación celular del epitelio, de secreción glandular de cuello y también de bacterias que son la flora o microbiota vaginal. ¿Cuándo preocuparse? Moltoni sostiene: “Cuando comienza el desarrollo puberal hay como un “arranque” de toda la producción hormonal que estaba antes como un poco aplacada. Con el aumento de los estrógenos todos estos mecanismos de formación de flujo aumentan, cambia el pH vaginal y la niña comienza a tener una descarga vaginal de lo que se llama leucorrea fisiológica, que es normal en esta etapa, siendo una especie de flujo blanquecino, lechoso. Debemos preocuparnos si es diferente, por ejemplo con sangre, verdoso o amarillo, con feo olor, si pica arde o molesta o si junto a estas características hay molestias perianales también -hay parásitos intestinales que se asocian a flujo, muy común en las niñas-”.
  • Golpes en zona púbica. El pubis es un área sumamente dolorosa, pero más que en el pubis un clásico son los traumatismo vulvares en las niñas, por lo que se llama caídas a horcajadas, como por ejemplo, en el borde de la bañera saliendo, o con los caños de la pileta de lona, o con el caño de la bicicleta. La Dra. Moltoni recomienda ver a la niña en seguida, y si es necesario llevarla a una guardia, ni hablar si sangra o se hincha mucho la zona, porque a veces además de antiinflamatorios se requieren antibióticos y en algunos casos requieren cirugía para drenar hematomas muy grandes o suturar laceraciones. Siempre ante estos traumatismos es importante descartar el abuso sexual encubierto.
  • Abuso sexual infantil. Lo primero, refiere la médica ginecóloga infantojuvenil, es “desmitificar que esto no ocurre nunca, o que solo sucede en las clases bajas, ya que hay una altísima prevalencia, y tenemos que sacarnos de la cabeza el asociar abuso sexual infantil con la violación. Esas violaciones como las que vemos en los noticieros son actos únicos, perpetrados en general por un desconocido de la víctima, o sea, es un hecho puntual y agudo. El abuso sexual infantil es en cambio, un hecho en general crónico, casi siempre llevado a cabo por un conocido de la víctima, que se aprovecha de esa situación de desigualdad e indefensión del niño, ocasionándole graves daños. En la gran mayoría de los casos NO hay signos físicos de abuso. Pero que no haya signos físicos no implica que no haya abuso. Por otro lado, no olvidemos que para que exista abuso sexual no hablamos siempre de penetración. Las actividades sexuales pueden incluir todas las formas de contacto oro-genital, genital o anal con/o al niño, o abuso sin contacto directo, como exhibicionismo, voyeurismo o uso del niño para la producción de material pornográfico. Aunque el niño no verbalice lo que ocurre, como signos de alarma tendremos muchísimas manifestaciones: cambios de carácter, insomnio, dolor abdominal frecuente, cefaleas, problemas en el colegio, evitar cosas que antes le gustaban. Y, claro, consultar es indispensable”.

La Dra. Moltoni concluye: “Lo más importante en esta etapa complicada es no olvidar que todos la hemos vivido. Más allá de todos los cambios, a los adolescentes de hoy les toca un mundo también complicado, con inseguridades, con cambios permanentes, con carencia de valores, con modelos dudosos, con lo cual la paciencia y el intento de comunicación con nuestros hijos no pueden faltarnos nunca”.