Cuando la vida vuelve a empezar a los 40 - Halitus Instituto Médico - Líder en tratamientos de Fertilización asistida

Mundo Halitus

Inicio - Mundo Halitus - En Los Medios

Por: El Tribuno | 08/03/09

Cuando la vida vuelve a empezar a los 40


Aunque la etapa de la menopausia a veces es vivida como una enfermedad, es una fase  natural de la vida de la mujer en la que se
producen grandes cambios físicos y emocionales.
Según los profesionales, con control, prevención y los cambios adecuados, una nueva vida puede volver a comenzar.

La menopausia es un acontecimiento normal natural, en la vida de una mujer. El término menopausia designa la fecha de la última menstruación debido al cese de la actividad folicular de los ovarios y, para poder determinarla, se requieren 12 meses consecutivos sin menstruación. La edad promedio de la llegada de la mujer a la menopausia en Argentina es de 52 años.
Esta etapa se divide en la perimenopausia, que es aquella que antecede a la menopausia y que-se caracteriza por menstruaciones irregulares, sofocos y variaciones de humor, y la posmenopausia -que le sucede-, que a su vez tiene dos fases: la primera, silenciosa, donde se produce la mayor pérdida de masa
ósea, entre un 3 y un 5%; la segunda, que comienza a partir del quinto año posterior a la menopausia y continúa por el resto de la vida, caracterizada por síntomas más severos.
Cerca de un 75% de las mujeres posmenopáusicas experimentan síntomas. Es, además, el momento de mayor pérdida estrogénica, con las consecuencias que esto trae aparejadas y que repercuten en la calidad de vida de las mujeres.
Época de cambios
Según explica la doctora Rosana Molina, del departamento de Menopausia y Climaterio de Halitus Instituto Médico: «Durante esta etapa, hay algunos cambios tanto psicológicos como biológicos y sociales que podrían asociarse con la menopausia. La mujer va perdiendo interés en su vida personal, en la actividad sexual, aunque hay quienes llevan una vida activa y no se ven afectadas por el cambio o incluso quienes por perder el temor al embarazo disfrutan más este período con sus parejas. Hay también mujeres que llegan al punto de que ante problemas pequeños dan respuestas inadecuadas, con crisis de llanto, angustia, irritabilidad, depresión y melancolía. Asimismo, la disminución de la actividad ovárica lleva a que la mujer sufra una serie de alteraciones en el cuerpo. Por otro lado, muchas mujeres en esta edad se sienten excluidas ya que su esposo se ha realizado profesionalmente y en esta época los hijos comienzan a irse de la casa, y se produce lo que se conoce como síndrome del nido vacío».
Síntomas
Hay una serie de síntomas que anuncian este proceso:
Sofoco: En el hipotálamo está el centro termorregulador de la temperatura, el que, en tanto hay presencia de estrógenos, se mantiene en equilibrio pero cuando estos disminuyen el equilibrio se rompe y se libera ese centro aumentando la temperatura y manifestándose periféricamente por enrojecimiento de la piel.
Sequedad vaginal: La reducción en la producción de estrógenos genera en este período que las paredes de la vagina se afinen y sean menos elásticas y, muchas veces, que los tejidos vaginales posean menos humedad. Esa sequedad vaginal puede provocar relaciones sexuales incómodas, picazón, irritación y dolor, exigiendo atención médica. Aunque en la mayoría de los casos estos problemas están asociados con los procesos menopáusicos, muchas mujeres pueden padecerlos siendo aún muy jóvenes. Generalmente, para estos trastornos se aplican tratamientos sistémicos y locales, como parches, geles lubricantes, comprimidos u óvulos y cremas que contienen estrógenos débiles.
Cambios en los períodos menstruales: A causa de la disminución progresiva del nivel de estrógenos en la sangre, puede haber pérdidas entre períodos menstruales o que se produzca un fuerte aumento o una reducción importante del sangrado. Estos cambios muestran el comienzo de la falla ovárica y manifiestan que el cuerpo se prepara para entrar en menopausia.
Cambios de humor: La variación de los niveles hormonales puede provocar angustia, tristeza, cansancio y hasta irritabilidad. Estos sentimientos probablemente desaparezcan una vez que pase la menopausia. Es por ello que, si bien muchas mujeres no lo necesitan, otras requieren ayuda individual o grupal con mujeres que están pasando por lo mismo.
Incontinencia urinaria: Es normal que algunas mujeres cuando tosen o estornudan presenten incontinencia urinaria. La cantidad de la hormona femenina estrógeno que hay en su cuerpo comienza a disminuir y esto provoca que los músculos de control de la vejiga se debiliten. Además, el piso de la pelvis pierde el tono y se produce una atrofia y como consecuencia un descenso de los órganos pelvianos.
Pueden realizarse tratamientos con medicamentos o con ejercicios que intenten devolverle a los músculos de la pelvis y la uretra el tono y la fuerza.
Osteoporosis: Este es un momento en el que la mujer debe prestar mayor atención a sus huesos ya que comienza un proceso de pérdida de masa ósea, que muchas veces no presenta signos o, si los hay, son casi imperceptibles. Se recomienda evitar el consumo de alcohol y de tabaco, que pueden influir en esa pérdida. La prevención de la osteoporosis se debe realizar desde la adolescencia, con dieta, ejercicio y cambios de hábitos. Es importante tener en cuenta que existen algunos factores de riesgo como la genética, el sedentarismo y el consumo de corticoides, entre otros.
Respecto de la osteoporosis, la doctora Molina sostiene: «El control debe empezar desde la menarca misma, es decir, desde la primera menstruación, porque la prevención es lo único que va a permitir llegar a la menopausia con una masa ósea ideal; si no existía una buena masa ósea inicial, una vez llegada
la menopausia, a esto se le suma la pérdida que se produce espontáneamente por la última menstruación. En el caso de las enfermedades cardiovasculares, debe realizarse un control estricto del HDL, que es el colesterol bueno, del LDL, que es el colesterol malo, y del colesterol total».
Para detectar la presencia de osteoporosis, es aconsejable realizarse una densitometría, un estudio sencillo que determina la cantidad de masa ósea. Según Molína, «si hay factores de riesgo, es conveniente realizarse este estudio antes de llegar a la menopausia y repetir el estudio una vez por año, pero si no existen, una vez cada dos años es lo más recomendable».
Hipertensión: La reducción de estrógenos durante esta etapa también puede provocar cambios en la presión arterial. En realidad, es conveniente la consulta médica y el control de la presión durante este periodo, aunque la menopausia por sí misma no eleva la tensión arterial.
Al respecto, expresa el doctor Pasqualini, director de Halitus Instituto Médico: «La mujer sabe que debe realizar chequeos ginecológicos regulares pero, dado que la mujer aumenta su riesgo cardiovascular llegando al climaterio, es a partir de ese momento (entre los 45 y 50 años) que sería ideal que todas las mujeres consultaran a un clínico y/o a un cardiólogo para realizar un chequeo de este tipo, una evaluación de su riesgo cardiovascular y los cambios necesarios para corregir los factores que hicieran falta para conservar su buena salud».
Realizar ejercicio aeróbico en esta etapa es fundamental para evitar la pérdida ósea, bajar el colesterol y para disminuir el riesgo cardiovascular. Es por ello que se deben realizar caminatas como mínimo 3 a 4 veces por semana de al menos 35 a 45 minutos. Hay evidencias de que la mujer que llega a esta edad aumenta el riesgo de padecer un infarto de miocardio hasta igualar el nivel de riesgo al del hombre e incluso duplicarlo. Por eso es fundamental un control del peso, del colesterol y de la presión arterial.
La vida comienza a los 40
«También puede darse el caso de una mujer que tiene una menopausia prematura o precoz, es decir, antes de los 40 años. Esto puede ser el resultado de causas genéticas, dadas por anormalidades hormonales que llevan a una falla temprana, o luego de una extirpación de los ovarios. En este último caso puede hablarse de una menopausia quirúrgica causada por el descenso brusco de las hormonas, lo
que puede acarrear molestias. Lo importante de la medicación hormonal es que no es imprescindible.
Como en todos los casos, debe evaluarse en forma personal de acuerdo con las características, antecedentes y necesidades de cada mujer», sostiene el doctor Pasqualini.
Existen dos tipos de tratamientos para tratar los síntomas de la menopausia: hormonales y no hormonales. Los primeros consisten en introducir las hormonas faltantes, estrógenos y progesterona, por distintas vías: comprimidos, parches o geles. Los segundos incluyen tratamientos con estrógenos derivados de las plantas, llamados fitoestrógenos.
La selección del tratamiento más adecuado para cada mujer está relacionada con su historia, sus necesidades y con la etapa de la menopausia en la que se encuentre.
Por el aumento de la expectativa de vida de la  población, es esperable que la mujer viva cerca
de un 30% de su vida luego de la menopausia, por lo cual es de suma importancia aprender los cuidados y prevenir los trastornos de esta etapa. Cada mujer vive de manera diferente la llegada de la menopausia, pero el seguimiento y apoyo médico, la información y la prevención pueden marcar la diferencia entre padecer los cambios y entender que esta es una parte más de la vida. Tal vez sea cierto, como afirman algunos, que la vida empieza a los 40.