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Familia Bottillo


Cuando empecé a escribir esta carta, tomé conciencia de que ya no me costaba hablar de la esterilidad, ni reconocer la tristeza que mi esposo y yo habíamos sentido, y decidí que mi intención era poder alentar a otras personas en la misma situación.

Nosotros deambulamos durante 3 años consultando diversos profesionales, con una carpeta de estudios que se hacía cada vez más grande, al igual que nuestra desesperanza. Durante esa etapa, a pesar de cumplir con todo lo que se nos pedía, no logramos tener una visión clara de cuál era nuestro pronóstico, y mucho menos sentir que nuestro anhelo de ser padres era posible. Entonces recordé que Yudith, mi amiga desde el secundario, había tenido que enfrentarse al mismo desafío: su embarazo era el resultado de un tratamiento in vitro. Una tarde le conté la angustia que estábamos viviendo. Entonces me habló de su tratamiento en Halitus y del Dr. Pasqualini. Ese día, a partir de esa conversación, comenzó el cambio más importante de mi vida.

Tal vez sea por eso, que todavía recuerdo exactamente el día de nuestra primera consulta en Halitus: 12 de marzo de 1999. Llegamos puntualmente, con nuestra gruesa carpeta de análisis, y esperamos lo que pareció una eternidad… pero no había nada en el mundo más importante que hacer aquella tarde que… intentarlo una vez más.

Con una claridad y certeza que no habíamos logrado en otras consultas, el Dr. Pasqualini propuso realizar un tratamiento que consideró el más adecuado para nuestra situación: un ICSI. No lo dudamos, sentíamos que podíamos confiar: las incontables fotos de bebés sonrientes de la cartelera de Halitus eran suficiente testimonio.

Dos meses después, un resultado positivo confirmó que estaba embarazada, y sentí que el aquel viejo sueño, que tenía desde que era chica y jugaba “a la mamá”, iba a realizarse. Nuestra hija Mariana nació una noche calurosa de enero del 2000, y como siempre le digo a ella: “ese fue el día más feliz de mi vida”.

En el 2003 volvimos a Halitus, pero ya nos sentíamos más distendidos, como “en familia”. También tuvimos que esperar, pero con las mejores expectativas, porque esperábamos a un médico a quien admirábamos profundamente.

Esta vez el milagro volvió a ocurrir, pero por duplicado: Marcos y Gabriel son el resultado del segundo ICSI.

Tengo mucho que agradecer al Dr. Pasqualini y a todo el equipo de Halitus, no solo por el nivel profesional sino por la tan necesaria calidez y comprensión, algo que tiene un valor inmensurable.

Cecilia Nine y Carlos Bottillo
Padres de Mariana, Marcos y Gabriel