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Por: Infobae | 12/01/22

“Má, me aburro”: qué hacer con los niños en casa en vacaciones para no morir en el intento


Ya sea si no van a la colonia como si van media jornada, el tiempo de ocio de los más pequeños de la familia suele ser un dolor de cabeza para los adultos. ¿Hay que “entretenerlos”? ¿Qué nos pasa a nosotros los padres cuando ellos se aburren? Opinan especialistas.

Suele decirse que aburrirse es bueno, que motoriza la imaginación, y que no necesariamente se trata de algo que hay que “resolver”. Porque no es un problema, básicamente. Ahora, cuando de vacaciones y niños en casa durante muchas horas se trata, el aburrimiento puede cobrar otro sentido. Más si, pandemia mediante, en la misma casa hay adultos intentando cumplir con sus obligaciones laborales.

La colonia de vacaciones pudo no haber sido una opción por la causa que fuera: desde económica, pasando a que la familia se va de vacaciones a mitad del mes y decidieron no mandar a los niños por algunos pocos días hasta el hecho no menor de que sean los propios chicos quienes no deseen ir.

Lo cierto es que los seres humanos suelen no llevarse bien con el tiempo de ocio. Y más los adultos con el de sus hijos.

¿Hay que “entretenerlos” o dejarlos que se la rebusquen? ¿Existe una fórmula mágica? ¿Es posible sobrevivir a las vacaciones en casa?

“Lo primero que debemos hacer es aceptar que las vacaciones con niños en casa no es algo terrible, no se trata de morir o vivir en el intento. Si por la razón que sea (pandemia, dinero, disponibilidad, etc) este año nos toca pasar las vacaciones en casa con la familia, se pueden armar planes de los más variados disfrutes”. Ante la consulta de Infobae, el licenciado en Psicología Pablo Lanzafame (MN 49.982), comenzó a analizar que “a veces ocurre que puede perderse la capacidad de disfrutar cuando se entra en el juego de las comparaciones, ‘si hubiéramos ido a la costa’, ‘si hubiéramos hecho como aquella vez’, porque cuando se compara, las cogniciones suelen estar sesgadas por distorsiones cognitivas, es decir se ve que hay planes mejores”.

En ese sentido, para él, “una buena práctica es centrar la atención en el presente y con lo que hay armar planes familiares para todos, adultos y niños”.

En opinión de la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247), “llegan las vacaciones y la pregunta sobre qué hacer con los niños no tarda en llegar”. “En general, la mayoría de las familias donde los adultos trabajan necesitan que los chicos sigan con actividades y en este sentido las colonias de verano en las cuales los chicos tienen espacios recreativos y lúdicos más distendidos que la escuela garantizan un par de horas fuera de casa para que los asuntos sigan trabajando”, analizó la especialista en maternidad y crianza, quien aconsea que estos espacios “no tengan tanta rigidez como la escuela, es decir que si de pronto un día de mucha lluvia no hay ganas de ir, siempre y cuando se pueda puedan faltar, o si hay posibilidad de algún plan como ir a lo de los primos, abuelos o algún amigo también exista esta flexibilidad”.

Y si bien recordó que “los chicos también están cansados del año escolar y es necesario para retomar que haya momentos de descanso y ocio”, Ruda reconoció que “cuando no van a la colonia y están todo el día en casa se hace un poco más complicado en algunos sentidos”.

En ese punto, Lanzafame destacó que “hoy en día, debido a la situación de pandemia COVID-19, es común que muchos trabajadores y trabajadoras realicen sus tareas desde el hogar”. “En esta situación es clave apelar al sentido común, avisando en el trabajo que nos encontramos con las vacaciones de nuestras hijas e hijos y también, según la edad evolutiva de nuestros hijos, explicarles a ellos que debemos trabajar desde casa y que cuando terminemos tendremos más tiempo para estar juntos, algo sencillo que permite que sean tenidos en cuenta”, sugirió el especialista del departamento de Crianza y Orientación a Padres de Halitus Instituto Médico, quien agregó: “Por supuesto que cuantos más recursos (otros familiares, amigos, etc…) tengamos mejor podremos sortear esta situación, pero desde el plano emocional es importante transmitirles que nos acordamos que están de vacaciones y queremos disfrutar con ellos, como se pueda en cada familia”.

Ruda sostuvo que “si bien en este tiempo los chicos necesitan descansar, también hay más tiempo de aburrimiento, con sus pro y sus contra”. “Sabemos que el aburrimiento es bueno para desarrollar la creatividad y aprender a estar con uno mismo buscando cosas para hacer que nos gustan, como leer, pintar y dibujar, construir con bloques, jugar con masa, armar collares, hacer un poco de orden en las habitaciones, etc. también sabemos que los tiempos de concentración y de entretenimiento no son tan largos como quisiéramos”, aportó la especialista en este punto.

“Es común que los niños y niñas nos manifiesten su aburrimiento, frente a esta exposición es una buena oportunidad para manifestarles que está bien ‘sentirse aburrido’ y es un sentimiento común que nos sucede a todos, adultos y niños. Nos puede pasar, que este tipo de exposición nos confronta a nosotros mismos con nuestra propia manera de transitar el aburrimiento como si fuera un estado del cual salir, llevándonos a conductas ansiosas, pasando de una cosa a otra, realizando actividades solo para no estar aburrido -observó Lanzafame-. La sociedad actual, las redes, la tecnología, hoy todo nos empuja a intentar salir constantemente del aburrimiento, siendo que este es un sentimiento esperable para cualquiera. Por lo tanto, cuando nuestros hijos o hijas nos dicen que están aburridas, más que resolver su aburrimiento podemos aprovechar para reflexionar sobre el mismo, normalizándolo”.

Además, cuando de niños y niñas se trata, “siempre es un buen momento para apostar por el mundo ideativo, como adultos podemos incentivar la actividad de la imaginación con juegos, cuentos, canciones, etc. El aburrimiento puede ser una oportunidad para activar el mundo de la imaginación, siempre que ese niño o niña tenga previamente las herramientas para hacerlo”.

– ¿Hay que “entretenerlos” o dejarlos que se la rebusquen?

– Lanzafame: Ambas opciones son válidas y buenas prácticas, jugar con ellos, más aun en la primera infancia refuerza sentimientos positivos en las niñas y niños, como así también saber cuándo pueden continuar su juego solas y solos, estimulando la imaginación.

Podríamos decir que los niños siempre juegan con otro, real o imaginado. Como padres y madres tenemos el desafío de acompañar el juego de nuestros hijos, sabiendo cuándo estar con ellos y cuando no, regulando la proximidad y distancia.

– Ruda: Cuando los chicos se aburren, rápidamente tendemos a buscarles soluciones y planes. Si no van a la colonia considero que siempre es bueno compartir tiempo con amigos: invitar a casa o ir a lo de amigos está buenísimo para todos, pero no nos pasemos de rosca; que haya días que no tengan plan, que no tengan “nada para hacer” tampoco es el fin del mundo.

Un poco de aburrimiento no viene mal y un día de pantallas no es tan grave. El problema es si esto fuera todos los días y la única manera que encuentran de divertirse sea con la play o mirando tele de manera ininterrumpida. Pero si nos flexibilizamos un poco hasta hacemos un bien. Se trata de entender que no podemos con todo, no somos animadores de fiestas y aunque lo fuéramos no animamos a nuestros hijos todo el tiempo.

Tampoco podemos responder a todas sus demandas como quieren y cuando quieren. A veces se podrá y a veces no. La frustración, de paso, nunca viene mal.

– ¿Por qué si los adultos solemos hacer varias cosas a la vez y a nada solemos dedicarle mucha atención pretendemos que nuestros hijos se entretengan con algo durante un periodo de tiempo mayor al que nosotros mismos podemos tolerar?

– Lanzafame: El ritmo de vida cotidiana actual en nuestro país nos exige cada vez más cosas en igual cantidad de tiempo, si bien una afirmación así es general y sin entrar en la singularidad de cada quien.

Nuestros recursos atencionales también son los mismos y estos se destacan por ser limitados, no somos máquinas que pueden procesar información por horas con la misma eficacia. Esta situación hace que una buena práctica en salud mental para nosotros y para nuestros hijos sea poder transmitir que cuando estamos realizando una actividad intentar poner el foco atencional en la misma, intentando apartar de la conciencia “lo que sigue” conectando con el momento presente. Para los niños y niñas los sentidos son una excelente vía para lograr este foco atencional.

– Ruda: Pretendemos de ellos mucho más de lo que nosotros somos capaces. Estar mucho tiempo concentrados en una sola actividad es algo que casi no hacemos. ¡Pues los niños tampoco! Ocurre que a veces la mirada adultocéntrica nos hace pensar en función de lo que nosotros necesitamos y no de lo que ellos pueden o quieren hacer.

Muchas veces la contra del aburrimiento es que los chicos se ponen muy demandantes, comen a cada rato y lógicamente el mayor uso de pantallas. Cada familia evaluará cómo manejarse en estos momentos. Particularmente considero que si los chicos son activos todo el año entre lo escolar y las actividades extras, que estén más libres y con el tiempo de pantallas menos controlado es válido. Es necesario estar distendidos y relajados también y no va a pasarles nada por usar dispositivos más de lo recomendable en algunos momentos. Y además, sabemos que como adultos necesitamos trabajar y nos facilita que ellos estén entretenidos.

En este sentido, Lanzafame sumó: “Las pantallas son una temática que actualmente nos atraviesa a todos, niños y adultos. No hay una respuesta absoluta a si es válido o no habilitar más tiempo las pantallas en vacaciones, la realidad es que cuanto más flexibles seamos y a la vez más claros los límites, será una actividad más entre otras. Algunos días se pueden habilitar un poco más y otros menos y dedicarle tiempo a otras actividades. Por otro lado, también existe algo en el mundo psíquico que se llama modelado, esto es ser coherentes conductualmente como padres y madres con lo que transmitimos, si ‘prohibimos las pantallas, pero ellos nos ven mirando el celular todo el día el mensaje no llega con la fuerza necesaria”.

Finalmente, siempre es bueno en la medida en que esto sea posible, “aprovechar algunos momentos para hacer cosas en familia que en otros momentos del año son más difíciles de llevar a cabo”, recomendó Ruda. “A veces entendemos que los padres siguen trabajando aunque los chicos estén de vacaciones pero si quizá estuvieron mucho tiempo ‘adentro’, una tarde de plaza, una salida al cine o alguna pileta puede estar bueno para todos”, sugirió.

“Todo lo que sea compartir en familia va a ser una buena actividad, desde juegos, lectura, cocinar con los niños y niñas, escuchar música entre todos. No importa tanto la actividad, sino que sea compartido y que nosotros como adultos intentemos estar intencional y atencionalmente con ellos en ese momento”, aportó Lanzafame.

En la época de la inmediatez, nos hicieron creer que hay que estar haciendo “algo” todo el tiempo. Y en contrapartida, no hacer nada está mal visto. Quizá sea momento de empezar a predicar con el ejemplo y dejar que frases como “ojalá tuviera más tiempo para estar con mis hijos” dejen de ser cosas que se dicen pero no se hacen. Y demostrarles a los más chicos de la casa todo lo que puede surgir de una tarde de “aburrimiento”.


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