Encontré una actividad que me liberó de los casilleros de mamá, esposa y abogada

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Por: La Nación | 28/11/18

Encontré una actividad que me liberó de los casilleros de mamá, esposa y abogada


Maternidad y Lactancia

«Fabi, estás siempre con la teta al aire», le dijo un día su papá. Y esa frase tan cierta como real caló hondo en ella.

Es que la vida de Fabiana Hasbani (53) era en ese momento una función en continuado. Terminaba una película y empezaba otra. En ese momento tenía tres hijas, que se llevaban poca diferencia de edad entre sí: 4 y 2 años las más «grandecitas» y una recién nacida. La cuarta llegó seis años después de ese momento clave en su vida. «Una tenía mocos, todas tenían mocos. A la noche todas se pasaban a mi cama. Venían de a una. Era imposible dormir. Vivía cansada. Había días en los que no me sacaba el camisón».

Pero a la noche, cuando Fabiana lograr acostar a todas sus hijas, se encendía. Era su hora. Su momento. «Me ponía la joggineta y salía a despejarme por las calles del barrio cerrado donde vivíamos. Hacía lo que podía: a veces caminaba, a veces trotaba, pero ese rato era sagrado. Disfrutaba intensamente del silencio de la noche. Sola. Mirando las estrellas. No escuchar el mamaaaaa me renovaba. Corría con todo el esfuerzo del mundo 2 km. De a poco llegué a dar dos vueltas a la cancha de golf del barrio, que son 5 km. Salía agotada y cansada. Volvía renovada, despejada. Es más, pasaba por las camas de las nenas y las veía dormir, y era todo un éxtasis de felicidad. Correr me devolvió la autoestima. Me devolvió a mí misma. A ser yo. No la mamá de», recuerda.

Había estudiado abogacía y, recibida con honores, una vez que contrajo matrimonio, viajó junto a su esposo y se instaló con una buena oportunidad laboral en los Estados Unidos. Allí trabajó para una empresa admistradora de alquileres. Cobraba las deudas morosas. Cuando regresó a la Argentina, consiguió empleo en un banco. «Pero ya con mi segunda hija renuncié. La culpa de dejarlas no me permitía trabajar. Soy de una época en que nos criaban para ser madres. En la escuela me enseñaban a bordar y a coser. Haber estudiado fue un acto de rebeldía. Vengo de una familia judía de ascendencia árabe, donde la mujer debe estar en la casa».

Por eso, cuando Fabiana contó en su entorno familiar que estaba entrenando y que iba a correr carreras, todos pensaron que había enloquecido. «Fue un acto literal de liberación. Eso es para mi el running: lo que me liberó. Mis pares me veían como a una corredora y no era ni la mamá de, ni la esposa de, ni la hija de. Era yo. Eso se volvió adicción. Ser yo. De a poco, dejé fluir lo que soy. Hace unos años decidí no correr más los fines de semana en el barrio y salir a la ruta. Fue una pelea con la familia. Pensaban que estaba loca. Y yo quería salir. Salir de mi casa, del barrio. Juntarme con otros corredores de la vida. Salir al mundo. Hoy todos mis vecinos del barrio salen. Pero puedo decir que fui pionera en eso».

Al comienzo, cuando arrancó con el running, aunque vivía en Ezeiza, se trasladaba tres veces por semana a Palermo a la pista del Club de Amigos a entrenar. «No entendía nada. Mi entrenador tenía esos cronómetros viejos de mano, y me insistía para que yo usara uno. Me ataba con elásticos a los postes de luz para enseñarme la técnica de carrera. Recuerdo que un mediodía un grupo de muchachos le dijo: “¡cómo hacés correr a esta chica, qué bien! Sobre todo en el estado en que está. ¿Está embarazada no?». Es que Fabiana había quedado con unos kilos de más después del tercer embarazo y cuando la veían, todos pensaban que estaba los primeros meses de gestación.

La anécdota se repetía una y otra vez. «El día que corrí un fondo de 30k, fui de Alcorta y Salguero hasta San Isidro. Llegué a la Catedral. Y paré a tomar agua. Un tipo que estaba ahí me dijo, qué bien cómo corrés . Yo me agrandé y le dije que estaba entrenando para el maratón de New York. ¿Y así te dejan? Embarazada digo. Me quise morir de la vergüenza. Pero eso me motivó para volver corriendo hasta Palermo. Con mi entrenador aprendí a correr en pista, a medirme los tiempos, y él me llevó a mi primera carrera».

Debutó con la tradicional Fiestas Mayas, que se corre todos los 25 de Mayo. «Sentí una emoción inmensa. Yo, que era una simple mamá, que salía a correr de noche, estaba ahí. En el recorrido mi familia me alentaba y cuando llegué al arco, lloré. Es muy fuerte la sensación de poder, de saber que lo lográs, solo con tu fuerza de voluntad. Nunca más pare. Fue la primera de muchas». La adrenalina empezó a correr por sus venas y Fabiana tenía sed de más. Entonces decidió entrenar para participar en un triatlón. Nadaba, pedaleaba y corría. Entrenaba cuatro horas por día, se ocupaba de la casa y de sus hijas.

«Un día estaba tan cansada que puse a hervir zapallitos y me que quedé dormida. Se quemó todo. Mis hijas le contaron a mi esposo y él me dijo: contrólate, no podés seguir así. Eso no era todo. Me iba de vacaciones con la familia a la playa, y me llevaba una mochila con las zapatillas. Instalaba a todos y me iba a correr. Y me dormía en la reposera. Corría al mediodía con pleno sol por la orilla, esquivando los pozos de los nenes. Cuando nació la más chiquita, la última, a los 15 días volví a correr. Lo hacía cuando las demás estaban en la escuela. Si no tenía tiempo, cuando iba a buscarlas, llegaba un rato antes a la escuela. Me cambiaba en el auto, y salía. Siempre tenía a mano la ropa».

Pero tanto esfuerzo le pasó factura. Fabiana vivía cansada, ojerosa. Y a eso se sumaba que estaba en pleno período de lactancia, lo que le generaba un gasto de energía extra. Fue a correr una carrera de 80 km de autosuficiencia y la pasó mal. Largó el desafío con un día primaveral y la sorprendió una tormenta de nieve a mitad del recorrido. «La gente se descomponía de hipotermia, hasta los patrulleros. Estuve 14 horas perdida en la montaña con el cuerpo casi congelado. Cuando volví entendí que ese tipo de aventuras no eran para mi. Que hasta ahí había llegado, que amaba y amo correr, que me encanta desafiarme y ver que puedo. Pero tengo que ponerme yo mis propios límites, que no puedo hacer todo. Y decidí bajar un cambio. Entender que esto lo hago por pasión, por disfrute, para relajarme, para pasarla bien. No para poner en riesgo mi vida. Ahí decidí reencauzar mi entrenamiento».

Entonces fue madurando en su interior la posibilidad de crear un grupo para mamás, como ella, que necesitaban hacer actividad física, despejarse, pero sin exigencias. «Y pensé en armar este espacio @empowerun.girls , que sea inclusivo, donde las chicas que no corren puedan iniciarse. Que las chicas que están pasadas de peso puedan venir sin vergüenza, que sea un espacio para pasarla bien, para relajarse. Y divirtiéndonos poder entrenar, correr, y lograr nuestros objetivos».

Fabiana asegura que entrenar al aire libre es liberador. «Para las mujeres multitasking de hoy, con tantas obligaciones y ataduras, poder realizar una actividad al aire libre que permita desenchufarnos por un rato, olvidarnos de todo y solo disfrutar, es un logro máximo. Ni hablar para las que son mamás. Poder dejar los chicos, la casa, el marido, y salir a disponer de un rato para ellas misma, es increíble. El running te cambia en cuerpo y mente. Te cambia el cuerpo como nunca lo imaginaste, y te alivia la mente. Estar en contacto con la naturaleza energiza. Tengo amigas que sufren el síndrome del nido vacío. Están deprimidas, bajoneadas, y yo no tengo tiempo para eso. Estoy enchufada a 220. Correr genera endorfinas y quedas con una energía muy positiva».

El grupo que lidera arrancó en marzo y hoy son más de 100 las chicas que se sumaron a la propuesta. «Los entrenadores tradicionales no entienden nada. ¿Cómo fue que llegaron caminando y ahora todas corren?. Creo que no hay secreto. Mi marido a veces se enoja conmigo y me dice: estás cansada para todo menos para correr . Y es cierto. Porque yo pienso en correr y me enciendo. Se prende una llama en mí. No soy la más rápida. Ni la mejor. Pero a veces creo que puedo decir que aprendí a disfrutarlo. Que es parte de mi vida. Forma parte de mi esencia».

La voz del especialista

La Dra. Daniela Martínez Denaro (MN 136704) es cirujana y mastóloga de Halitus Instituto Médico y en este audio explica cuáles son los cambios que se producen en el organismo durante la lactancia, cuántas calorías consume dar el pecho, en qué funciones impacta y cómo se adapta la mujer a esta etapa de su vida.

 


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